Era el partido más esperado por los fanáticos del fútbol femenino. Más de 20.000 personas se reunieron en el Audi Field de Washington con la esperanza de ver a Canadá confirmar las buenas sensaciones que dejó ante Costa Rica. Pero la realidad fue otra: Estados Unidos dominó de principio a fin y se llevó el Clásico con un contundente 3-0.
Las estadounidenses ofrecieron una actuación impecable, reafirmando el trabajo que Emma Hayes viene consolidando desde su llegada hace ya varios partidos. El equipo no solo fue sólido, también fue inteligente y contundente en los momentos clave. Canadá, por su parte, fue de más a menos y terminó siendo superada sin discusión.
Los primeros 15 minutos fueron lo mejor de Canadá. El equipo salió con intensidad, generó presión alta, pisó el área rival y tuvo un par de remates con peligro. Sin embargo, con el paso de los minutos fue perdiendo la posesión y el control del juego. A partir de ahí, el dominio fue completamente estadounidense.
El planteamiento de Casey Stoney dejó interrogantes. Una de las decisiones más discutidas fue volver a darle la titularidad a Ashley Lawrence, quien venía de un bajo rendimiento ante Costa Rica y aún no recupera su ritmo habitual. Nadie pone en duda su calidad, pero claramente no está en forma, y eso se notó.
Emma Regan, que venía mostrando una buena versión en el mediocampo, esta vez se vio muy limitada. Jugó demasiado replegada, obligada a cubrir mucho terreno y con poca libertad para asociarse en ataque. A pesar de su gran despliegue y compromiso defensivo, no pudo influir como en partidos anteriores. Cuando Awujo ingresó al campo, Regan encontró más compañía y opciones de pase, pero ese ajuste llegó demasiado tarde.
Tampoco fue fácil entender el ingreso de Holly Ward al minuto 85. En los últimos partidos había demostrado ser una jugadora desequilibrante, con velocidad y visión, que podía marcar diferencias. Su entrada tan tardía le quitó toda posibilidad de impacto real en el juego.
Mientras Canadá se replegaba, Estados Unidos encontraba espacios y ejecutaba con precisión. Los goles de Coffey, Hutton y Ryan reflejan el dominio total de las locales, que manejaron el ritmo a placer.
La gran figura del encuentro fue Rose Lavelle. Dueña absoluta del mediocampo, generó espacios, rompió líneas y puso a sus compañeras de cara al gol con una visión exquisita. Su influencia fue decisiva en cada jugada importante del partido.
Estados Unidos tiene una profundidad de plantilla envidiable. Emma Hayes cuenta con un abanico de jugadoras capaz de formar hasta tres equipos altamente competitivos, y está construyendo un bloque sólido de cara a las eliminatorias y al Mundial 2027.
Canadá, en cambio, aún está ajustando piezas. Vivirá su primera eliminatoria mundialista y debe llegar con un equipo afinado y competitivo. El talento está, pero hay decisiones que deben optimizarse y detalles que requieren más trabajo.
Hay que sacudirse el polvo, corregir lo que no funcionó y seguir trabajando. Este equipo tiene calidad, solo necesita tiempo, enfoque y decisiones acertadas para competir al más alto nivel.