Halifax Wanderers lo intentó, jugó bien, propuso y no se escondió ante uno de los rivales más duros de la liga. Pero al final, Forge FC se llevó los tres puntos del Wanderers Grounds con un ajustado 2-1 que dejó un sabor amargo en los locales.
Desde el arranque, el equipo de Patrice Gheisar mostró orden y una idea clara. El regreso de Rampersad al once titular dio equilibrio en el medio, mientras que Telfer y Bai se encargaron de encender la ofensiva. Aunque el golazo de Paton sorprendió temprano, Halifax reaccionó rápido y con carácter. Telfer, tras una gran salida por el centro, definió con clase por encima del arquero para poner el 1-1. En ese tramo, Wanderers tuvo pasajes de buen fútbol, con Callegari cortando todo en el medio y lanzando salidas limpias.
En el complemento, la intensidad bajó y Forge, fiel a su estilo, empezó a hacer pesar su experiencia. El ingreso de Sean Rea le dio algo de frescura a Halifax, pero la salida de Telfer y Coimbra apagó un poco la chispa en el último tercio. A pesar de que el partido seguía siendo parejo, un empuje de Forge desde tres cuartos terminó con Fillion marcando el segundo. Los locales lo buscaron hasta el final, incluso con una oportunidad clarísima de Pearlman de cabeza en el último suspiro, pero el empate nunca llegó.
Wanderers no jugó mal, todo lo contrario. Fue valiente, tuvo ideas y por momentos controló a Forge, algo que no es poca cosa. Pero le faltó precisión en los metros finales, y cuando el rival aprovechó su chance, Halifax no tuvo respuesta en ataque. Lo positivo: el equipo no se desordenó, mantuvo la compostura y mostró que tiene con qué competir.
Durante la primera mitad, Halifax generó varias aproximaciones peligrosas, incluyendo una gran jugada que terminó en un remate de Bai y una posterior atajada de Koleilat. También se destacó el trabajo defensivo de Callegari, que estuvo encima de Jevremovic todo el partido y recuperó varias pelotas clave que evitaban las transiciones de Forge. En varios tramos, Forge apostó a presionar alto, cediéndole metros a Wanderers para forzar errores, pero el equipo supo salir bien desde el fondo con Rampersad y Coimbra como ejes.
Con el marcador en contra, los minutos finales mostraron a un Halifax empujando con lo que tenía, pero ya sin claridad. Forge, como tantas veces, manejó el reloj con oficio y fue bajando el ritmo del encuentro, sabiendo que los detalles jugaban a su favor. A pesar del esfuerzo, Wanderers no logró encontrar ese último pase o ese remate certero que cambiara la historia.
Pero si algo quedó claro, es que este equipo está cada vez más cerca de competir al nivel de los grandes. Sólo falta que el fútbol y los resultados terminan de coincidir y que se mantenga la consistencia partido a partido y durante casi todos los 90 minutos.





